septiembre 06, 2026

Familia Imonoyama


 

—Llegamos.

Levantó la mirada. Se había perdido en sus pensamientos durante todo el trayecto. Hacía tiempo que intentaba dejar esa costumbre.

Frente a él se alzaba una enorme puerta .

—Esta es la entrada principal.

Del otro lado de la reja se extendía un enorme campo de crisantemos. Seguramente era obra del tercer hijo, Nokoru.

—Lamento la molestia. —dijo Kawahara mientras hacía una reverencia, gesto que Ludwing imitó.

—No es nada. Hoy por ti, mañana por mi —respondió el policía. Luego añadió a gritos mientras se alejaba —¡Tiene una novia muy guapa!

Kawahara quiso gritar que no se trataba de su novia, pero el policía ya se había marchado en su bicicleta.

Sin más opción, tocó el timbre, sin saber que aquello desencadenaría una serie de tragedias. Desde allí podía verse un inmenso campo de crisantemos que no parecía tener fin.

Tocó el timbre una vez más y, tras presentarse, recibió como respuesta la apertura de las rejas. Ludwing lo acompañó al interior y no dejaba de asombrarse por la cantidad de flores en el jardín. Era difícil imaginar que una sola persona hubiera plantado semejante cantidad.

—Kawahara, hay alguien ahí —susurró Ludwing.

A pesar de no ver nada, no dudaba de su intuición.

—¿Dónde?

—Por allá. —contestó mientras lo hacía colocarse detrás de él.

Era evidente que lo protegía de manera inconsciente. Al acercarse, Kawahara pudo distinguir una figura.

Era un niño.

—¿Quién eres? —se escuchó una voz aguda.

—Siento sorprenderte. Yo… digo, yo soy…

Un pequeño de unos once o doce años, en medio del campo de crisantemos y rodeado de varios objetos extraños, observaba a ambos con curiosidad.

—Soy amigo de Hajime. Vine de Tokio. Soy Kawahara…

—¡Señorito! —resonó una voz femenina.

—¡Nokoru-sama! —gritó una criada.

Llevaba lentes y tenía el cabello largo, ligeramente ondulado. Era toda una belleza.

—Tsukiko.

—No debería estar afuera tan tarde. Se va a resfriar. La cena está lista.

Al escucharla, Nokoru los miró de reojo.

—¿Disculpe? ¿Es usted el Kawahara-san? —preguntó Tsukiko con una amplia sonrisa.

—Si, soy yo.

—Discúlpeme por no salir antes. Larissa-sama lo espera. Por aquí, por favor.





Una de las novelas que CLAMP escribió en sus inicios, con personajes originales y su característico humor. 

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